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Puttin’ on the Ritz, Irving Berlin.

La elegancia del baile.

¿Quién, por muy torpe que sea, no ha sentido la necesidad de marcarse unos pasos al más puro estilo Fred Astaire? (Más tarde contestaremos a esta pregunta).

La realidad es que la elegancia hecha baile y esta canción se unieron para dar forma musical a esta expresión, que hace referencia a ponerse de punta en blanco y que toma su nombre de… sí, lo habéis adivinado, del mismísimo hotel Ritz y su aura de elegancia y estilo.

La primera vez que se oyó fue en un musical de los años 30 que llevaba su título en el nombre. Dirigida por Edward Sloman y que contaba con la música original de Berlin, autor de míticos temas como Cheek to cheek. De ahí en adelante las versiones, como siempre pasa con los grandes temas, se sucedieron. Y poco más que destacar.

Hasta que, como decíamos, en el año 1946 se topó con Fred Astaire. Qué delicia en la coreografía y el baile. Parecía que nada podía dar más lustre a esta canción. El bailarín (y cantante) demostrando como acompañar la música con la armonía de su cuerpo.Los pasos precisos, el ritmo perfecto… Vale la pena dedicarle unos minutos.

Parecía insuperable. Hasta esto…

Mel Brooks haciendo de las suyas y perpetrando la más divertida de las versiones que hayamos visto jamás, haciendo bailar a Frederick Fronkostin y su criatura al ritmo de esta alegre música de cabaret. Nadie, ni el estirado, descoordinado y hierático monstruo se pudo resistir a imitar por unos minutos al alegre bailarín del bastón. Gene Wilder y Peter Boyle en un dueto de risa que nos sacarán, por lo menos, una sonrisa.

Vamos no digáis que vosotros tampoco habéis sentido la tentación.

 

Acerca de Pau Gaya

Director de EfectoCine.es y realizador de efectocine.tv. Responsable de audiovisuales de GAETA Comunicació.

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